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Julio de 1969

“Comprendo que todo se entrelaza,  Todas los caminos convergen, Todos los ríos caminan hacia el mismo mar”. De “Aleph” por Paulo Coelho. Se suponía que mi viaje de regreso a Medellín sería lo más tranquilo y sin afanes como fuese posible y que llegaría a tiempo para el inicio de clases después de las vacaciones de mitad de año. La fecha para mi regreso sería  en la segunda semana de julio, antes del 16, ya que ese era el día en que estaba anunciado el tan esperado inicio de la misión de alunizaje de la Apolo 11, y yo no quería perderme detalle de ese momento histórico frente al televisor. Por ese entonces se estaba modernizando la tecnología de telecomunicaciones en Colombia y esa hazaña se podría ver “en vivo y en directo”, vía satélite. El plan inicial era que yo viajara  a Buenaventura en la lancha con motor fuera de borda del aserrío a través de los esteros y el San Juan hasta un sitio donde podía tomar un bus a Buenaventura.,  pero el motor est...

AQUELLOS DICIEMBRES (2)

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AQUELLOS DICIEMBRES II Togoromá – Bocas del San Juan A pesar de que faltaban casi treinta minutos para la hora anunciada -7 de la noche- el corredor de la parte delantera de la casa, donde estaba la oficina y el comisariato, estaba ya lleno de gente. La poca iluminación permitía ver solamente enormes sombras susurrantes que se apretujaban y trataban de acercarse a la puerta del depósito para no perderse detalle del acontecimiento. A la luz de las velas aquellos rostros morenos adquirían una tonalidad especial. Algunos reflejaban resplandores azulados o violetas y otros suavizaban el entorno con matices acanelados. Yo trataba de abrirme paso para lograr entrar al depósito y poder hacer mi importante papel de “técnico de luces” en el numerito que mi padre había montado para los trabajadores del aserrío como punto inicial para la ya tradicional fiestica de navidad. Era el 24 de diciembre. Habíamos hecho el pesebre en la parte delantera del depósito de herramientas, y nos correspondía...

Las botas rojas

La noche anterior había llovido torrencialmente. El río, con la marea alta y la lluvia, había inundado las riveras más de lo acostumbrado. Había subido tanto el nivel del agua que las trozas que estaban almacenadas en el estanque del aserrío estaban ahora flotando en río abierto y la corriente –disminuida por el momento por la marea alta- las llevaba lenta pero inexorablemente, hacia la desembocadura a sólo 5 kilómetros río abajo. La mayor preocupación de mi papá era que tenía solamente dos horas como máximo para luchar por recuperar lo que más pudiera, después empezaría el reflujo de la marea y la corriente sería mucho más fuerte. El estanque había quedado repleto de madera desde el fin de semana anterior con la última compra que les había hecho a los hermanos Domicó, pero con la crecida quedaba ahora medio vacío, y a pesar de los esfuerzos de los aserradores, coteros, y demás trabajadores del aserrío y de varios troceros que llegaron a ayudar, no se veían los resu...

El Bufeo

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Tenía un buen rato sentado en el borde del pequeño muelle sobre el río. Colgando las piernas sobre el agua y pensando -Qué tal si aparece un tiburón y me agarra las piernas? -Valga decir que el único tiburón que había visto hasta entonces era un pequeño ejemplar, de no más de 15 centímetros, que había quedado enredado en la red del viejo Alomía. Y me sentía súper grande dejando mis piernas balancearse sobre mi reflejo en el espejo sereno del agua tranquila a solo unos centímetros bajo mis pies. Mi impaciencia de pescador novicio no me permitía la quietud y sosiego que mi papá –de pie detrás de mí, vigilante y solícito consejero- me recomendaba: - estése quieto mijo, que lo menos que pasa es que se va al agua y me toca a mí pescarlo…además que con tanta joda pa’llá y pa’cá no hay pescado que se le arrime…- Era uno de mis primeros pasos en ese ilógico y para mí aún hoy casi místico quehacer de la pesca., en el cual días antes ya había disfrutado el dulce sabo...