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AQUELLOS DICIEMBRES

AQUELLOS DICIEMBRES Pocas cosas perduran en nuestra memoria con la misma fuerza y con la misma vitalidad como la de las emociones y sentimientos que quedaron impresas en nuestras mentes infantiles.Tanto alegrías como tristezas, tanto las emociones positivas como las negativas, allí se quedan todas, reapareciendo de vez en cuando en nuestra mente a lo largo del camino de la vida. Yo me considero sumamente afortunado por la infancia y la niñez de mis recuerdos y no hay palabras para expresar mi gratitud con el Creador por el papel que me correspondió entonces y siempre en ésta apasionante aventura que llamamos existencia. Entre todas esas imágenes de infancia, -ya lejanas en el marco de espacio/tiempo- las más elocuentes y las que conservan aún esa frescura que el calor familiar les impregnó son las imágenes de las navidades en familia… I Canolandia Ese olor no lo he olvidado jamás. Reiteradamente, cuando en la vida de todos los días las circunstancias me lo ...

Temblor!!

Lo que voy a relatar ahora hace parte de la primera memoria”conciente” que tengo. Es el primer recuerdo de mis padres y de lo que la relación filial conlleva, que se quedó grabado en mi mente -como si fuese el anuncio publicitario de una película de estreno, de esos que terminan con….”MUY PRONTO…En un cine cerca de Usted”- como una recopilación de imágenes entrecortadas, sin encadenamiento, que luego con la ayuda de los relatos de mis padres años después pude darles una sucesión lógica, para ahora reunirlos y darle una versión escrita. Los hechos ocurrieron en Buenaventura, alguna vez durante el año 1956… La primera impresión que recuerdo de esa noche es el aullido constante de Sultán, el perro de mi padre, acompañado por el maullido de los gatos de la vecina, por algún gallo en las cercanías que, según parecía, quería ya hacer levantar el sol con su canto trasnochado y creo que por toda clase de voces y sonidos animales, que ni entonces ni ahora consigo identificar. En el ciel...

Las botas rojas

La noche anterior había llovido torrencialmente. El río, con la marea alta y la lluvia, había inundado las riveras más de lo acostumbrado. Había subido tanto el nivel del agua que las trozas que estaban almacenadas en el estanque del aserrío estaban ahora flotando en río abierto y la corriente –disminuida por el momento por la marea alta- las llevaba lenta pero inexorablemente, hacia la desembocadura a sólo 5 kilómetros río abajo. La mayor preocupación de mi papá era que tenía solamente dos horas como máximo para luchar por recuperar lo que más pudiera, después empezaría el reflujo de la marea y la corriente sería mucho más fuerte. El estanque había quedado repleto de madera desde el fin de semana anterior con la última compra que les había hecho a los hermanos Domicó, pero con la crecida quedaba ahora medio vacío, y a pesar de los esfuerzos de los aserradores, coteros, y demás trabajadores del aserrío y de varios troceros que llegaron a ayudar, no se veían los resu...

El Bufeo

Imagen
Tenía un buen rato sentado en el borde del pequeño muelle sobre el río. Colgando las piernas sobre el agua y pensando -Qué tal si aparece un tiburón y me agarra las piernas? -Valga decir que el único tiburón que había visto hasta entonces era un pequeño ejemplar, de no más de 15 centímetros, que había quedado enredado en la red del viejo Alomía. Y me sentía súper grande dejando mis piernas balancearse sobre mi reflejo en el espejo sereno del agua tranquila a solo unos centímetros bajo mis pies. Mi impaciencia de pescador novicio no me permitía la quietud y sosiego que mi papá –de pie detrás de mí, vigilante y solícito consejero- me recomendaba: - estése quieto mijo, que lo menos que pasa es que se va al agua y me toca a mí pescarlo…además que con tanta joda pa’llá y pa’cá no hay pescado que se le arrime…- Era uno de mis primeros pasos en ese ilógico y para mí aún hoy casi místico quehacer de la pesca., en el cual días antes ya había disfrutado el dulce sabo...