SILENCIOS
SILENCIOS A veces tan sórdidos y pesados que nos duele al romperlos. No les queremos como respuestas y a veces son ellos las únicas nuestras. Se presentan a veces inesperados, llenando nuestra carencia, fortaleciendo nuestra dignidad, prolongando nuestra espera, matando la ilusión. Pero a veces son anhelados, esperados, bendecidos. Acogen nuestras dudas, nuestro llanto y nuestra dicha, y es entonces cuando somos tal como realmente somos, cuando desnudamos el alma, y nos presentamos transparentes, sin máscaras, sin tapujos, sin prejuicios; ante la esencia misma de nuestro ser eterno. Juan Diego Montoya, Octubre 2013