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Mostrando entradas de octubre, 2014

AMANECERES

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Con una cálida caricia, llega la luz renovando la vida, abriendo puertas, mostrando senderos, borrando espejismos.   El cielo, huérfano ya de estrellas y sin la nocturna majestad que añora; casi sumiso, del nuevo día deja correr el velo con ritmo de marcha, con cadencia de verso. Veloces las sombras se escabullen en su huída, llevándose consigo lamentos, temores y egoísmos. Un desfile de ilusiones el despertar decora, y afuera el sol triunfante va dominando el cielo dejando el paisaje en un torrente de luz inmerso. Cada uno de ellos es una promesa cumplida. Promesa que hemos hecho a nosotros mismos desde el sublime momento de la concepción de nuestro Ahora: aquel destello fulgurante en la union de nuestro anhelo con la fuente inconmensurable de abundancia del Universo. Juan Diego Montoya Cano, Octubre 2014.

ATARDECERES

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. Un galopante silencio ensordece el firmamento con una sinfonía de resplandores dorados, grises y bermejos. Una brisa helada recorre montes, valles, ríos y senderos como el suspiro de la amante Tierra  ante la partida ineludible de su Sol amado. En susurrante arrullo a las horas idas se las lleva el viento y afanes, alegrías y pesares, todos parecen estar ya lejos. Inútiles parecen ya prisas, acosos, agobios y esmeros pues solo resta el contemplar enmudecidos, allá lejos en la sierra, la majestuosa retirada del astro ya cansado. Momento precioso cuando sólo  con el pensamiento puedo sucumbir a la magia de la brisa y sus cortejos, compartir mi extasis  silente con los espíritus viajeros, contemplar la grandeza que este instante encierra, y, una vez más, agradecer lo que el Universo me ha brindado. Juan Diego Montoya Cano Octubre 2014

QUERENCIAS

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Están en  los rincones más escondidos del alma, donde hemos ido dejando cosas muy nuestras, el recuerdo de aquella sonrisa, el enigmático aroma de un perfume indefinible. los abrazos de tantas despedidas, los suspiros que acompañaron nuestra espera. Son los acordes que nos dan la calma con el encanto de aquellas notas maestras y que con ternura y serena prisa, en medio de extasis indecible, componen la sinfonía que nos acompaña en nuestras vidas resonando a través de nuestra existencia entera. Son los lugares donde encendimos la flama del ímpetu abrasador de las ansias nuestras. Son las cumbres internas donde nos acarició la brisa  y la grandeza de nuestro Ser por un instante se hizo visible. Son los espacios donde tu anhelo recupera la ilusión perdida y toma posesión de la abundancia que el Universo te diera. Juan D. Montoya Octubre 2014