ARIDEZ



Este divagar sin rumbo, 
esta búsqueda sin propósito, 
este mutismo sórdido,
este círculo de agudas aristas, 
esta paz doliente, 
esta sed de espíritu, 
esta abundancia de carencias; 
este silencio a gritos,
esta aridez del alma!
Luces y sombras, afuera y adentro;
escenario perfecto para la musa esquiva,
que se esconde tras las huellas de una lágrima 
o en  el eco distante de una risa.
Lentamente van brotando, 
como arrancados de un sueño, 
como gotas de agua en el tórrido desierto,
la esperada imagen, el furtivo sentimiento.
A veces como un murmullo, incomprensibles;
a veces nítidos y directos, inteligibles.
Entonces el espíritu se aferra, 
cuál náufrago a su tabla, 
a este cordón de inspiración. 
Y poco a poco, con suave empeño, 
van saliendo a flote la palabra justa, 
el propósito definido, 
las pequeñas alegrías, 
las metas recuperadas, 
las gratitudes olvidadas, 
el canto a la vida.

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