SILENCIOS
SILENCIOS
que nos duele al romperlos.
No les queremos como respuestas
y a veces son ellos las únicas nuestras.
Se presentan a veces inesperados,
llenando nuestra carencia,
fortaleciendo nuestra dignidad,
prolongando nuestra espera,
matando la ilusión.
Pero a veces son anhelados,
esperados, bendecidos.
Acogen nuestras dudas,
nuestro llanto y nuestra dicha,
y es entonces cuando somos tal como realmente somos,
cuando desnudamos el alma,
y nos presentamos transparentes,
sin máscaras, sin tapujos, sin prejuicios;
ante la esencia misma de nuestro ser eterno.
Juan Diego Montoya, Octubre 2013

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