ANCIANOS
A todos los ancianos y ancianas de mi vida...
Te toma largo tiempo acostumbrarte.
Te niegas a aprender a dejar de ser joven.
Tus ojos van perdiendo su brillo,
su picardía, su curiosidad.
Tu piel, ayer lisa y firme,
se torna quebradiza y seca.
Tu cabello pierde poco a poco su volumen,
se va tornando gris y escaso,
y tu frente es cada día más ancha.
Tus brazos se tornan flácidos,
han perdido su vigor y su energía.
Entonces te vas acostumbrando.
Y aunque de repente
te aferres a una ilusión
para sentirte más vivo, más joven,
te das cuenta que tus recuerdos
pesan más que la esperanza.
y que encuentras más alegría en tus recuerdos
que en el reto de cada mañana.
Luego tu mirada se torna más clara
Tu vista es más amplia,
tu actitud más serena.
Tus errores se convierten en experiencias
y tus temores de ayer en simples incidencias.
Antes conocías las reglas,
hoy conoces las excepciones a ellas.
Ayer aprendías del mundo y de la gente,
hoy los entiendes.
Un buen día descubres
que te has acostumbrado.
Has aprendido a no protestar
por el olvido absurdo de las cosas obvias.
Regresas más a menudo a los lugares
sacros donde amaste la vida.
Ese día agradeces a tu alma,
agradeces a la Vida,
a tu hermano el Universo;
por el don preciado de envejecer alegre,
por llevar tus años con dignidad, con júbilo.
Juan Diego Montoya, Septiembre 2013

Comentarios