MADRE

A tí,

Objeto amado de mi primer recuerdo,
Sol de mis amaneceres infantiles,
implacable juez en mi conciencia reprimida,
y personificación del dolor callado.

Tantas veces en mis insomnios me pierdo
buscando alivio a mis angustias febriles,
alivio que sólo tú, mamá querida,
puedes, con tu perdón, dar a mi espíritu cansado.

Mente y corazón han llegado a un acuerdo;
liberar mi presente de amarguras sutiles,
porque el perdón anhelado gran parte de mi vida,
desde siempre tú me has otorgado.

Juan Diego Montoya Cano, Mayo 12, 2013


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