DESPEDIDAS
Un abrazo donde
dejas un pedazo de tí mismo,
un instante donde
el alma en el silencio grita,
una lágrima
secándose reprimida,
en el ahogado
murmullo de un adiós callado.
Reclamas al
Universo, sordo en tu egoísmo,
rogándole al
cielo que permita
por esta vez
prolongar la efímera dicha vivida,
que el abrazo
otorga a este viajero cansado.
Indecible dolor
sin el consuelo del llanto,
si también
pudieras dejarle a un lado del camino;
y seguir tu senda
liviano, libre, diáfano y transparente…
pero así es la
paradoja en nuestra maravillosa aventura:
en cada adiós que pronunciamos con quebranto
dejamos de
nuestro ser un trozo en el camino;
pero cargamos
también con la memoria doliente
de aquellos
que una vez nos dieron su amistad simple
y pura.
Juan Diego
Montoya Cano.
Mayo 14, 2013

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