AQUELLOS DICIEMBRES (3)
AQUELLOS DICIEMBRES
III
El Remolino – Dabeiba
Correa me lo había dicho… -Eso del Niño Dios son puros cuentos! Es el papá y la mamá los que traen los regalos y sin uno darse cuenta los ponen por la noche debajo de la cama. Yo me hice el dormido y pillé a mi mamá cuando me puso el paquete el 24 pasado…”
Una mezcla de desengaño, rabia, negación obstinada y temor de que aquello fuera cierto me empezó a carcomer el cerebro. Fue entonces cuando empecé a planear una estrategia infalible para desenmascarar al embustero de Albeiro Correa. Mi estrategia se basaba en no decirles a mis papás qué le estaba pidiendo al Niño Dios, así de sencillo! Y entonces la mañana del 25 de diciembre estaría doblemente feliz: feliz con el “traído” tan deseado y feliz por tener la certeza de que el milagro de navidad se repite inexorable.
Así que me puse muy seriamente a cumplir con el propósito de no decir nada sobre mis deseos navideños. Pero eso fue mucho más difícil de lo que yo creía. Especialmente cuando se empezó a acercar la fecha y en los almacenes, en las calles, en la radio –no recuerdo mucho la televisión de entonces, pero sí había!- todo se refería justamente a eso, los regalos de navidad. Un día fui a acompañar a mi prima al centro de la ciudad pues ella quería buscar un regalo para mi tía. En el Ley, uno de los grandes almacenes del Medellín de entonces, –había 2 famosos, “Caravana” y “Ley”- al pasar por la sección de libros, mi pulso se aceleró y inconscientemente casi, arrastré a mi prima hasta el lugar donde estaba exhibido el objeto de mi tan preciado secreto: “VIDAS DE ACCION” . Allí estaba, puesto en un pequeño atril y abierto con la biografía de Napoleón en una página y la del Almirante Nelson en la del frente…
-Este libro se lo estoy pidiendo al Niño Dios!- alcancé a decir en un susurro, casi faltándome el aliento.
-Ah qué bueno! dijo ella. Sentí como si un peso enorme se me quitara de encima al compartir esa carga enorme de mi secreto y me tranquilicé al decirme a mí mismo que no se lo había dicho a mis padres, así que el plan era todavía efectivo.
Ya estaba próxima la terminación de clases en mi colegio y con ella mi viaje a El Remolino, en Dabeiba, a pasar las vacaciones de fin de año con mis papás. Así que tenía los mejores motivos del mundo para estar dichoso.
Mis días en la finca pasaron volando y llegó la esperada Nochebuena. Ese 24 lo pasamos en la finca de Horacio y Mabel. Hubo mucha gente, mucha comida –un marrano entero y cantidades enormes de natilla y buñuelos, música -tuve mis primeras lecciones de baile al son de la música de Guillermo Buitrago (precursor del vallenato de hoy). Mi mamá me aclaró que no importaba que no estuviéramos en la casa, el Niño Dios dejaba el regalo junto a la cama, como siempre. Así que cuando llegáramos a la casa allá lo encontraría. Yo no podía con mi ansiedad.
Pasadas las doce de la noche llegó el mono Carmona por nosotros en su jeep para llevarnos de regreso a El Remolino. –por fin!- Al llegar a la casa, escasamente puse atención al desaforado saludo de Pritty que saltaba , ladraba y corría de aquí para allá, y salí corriendo hasta la puerta de mi cuarto. Mi madre llegó tras de mí con sus llaves y me abrió.
Desde la puerta me agaché para mirar debajo de la cama, nada.
-Mamá, no hay nada! –casi grité.
-Mire bien, busque en la cama, de pronto está ahí…
Quité la almohada con pánico y … ahí había un paquete. Sin ninguna consideración rompí el papel –el cual, cosa extraña, era el mismo tipo de papel que ví a mi mamá comprar días antes en el almacén de los Quiceno en el marco de la plaza del pueblo.- Desde que cogí el paquete supe que mi deseo se había cumplido, era el libro! tenía que ser el libro!
El ver, palpar, oler aquel libro fue una sensación indescriptible.
Igual de indescriptible el saber en lo profundo de mi alma, que siempre tuve razón. Cómo iban mis padres a saber que ese era el libro que yo quería? De ninguna manera! Cómo llegó el libro allí? No por medios naturales que yo supiera!
Albeiro Correa: no estás en nada.
El Niño Dios sí es quien trae los regalos!
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