MANOS



Hemos venido al mundo con ellas vacías.
Eran entonces y son aún pequeñas 
para todo lo que el Universo siempre nos ofrece.

Tratamos siempre mantenerlas metafóricamente limpias
aunque con la constante obsesión de tenerlas llenas
de todo lo que creemos nuestro Ser carece.

Lavarnos las manos ante ciertas circunstancias
ensucia nuestra conciencia, le pone cadenas.
Las juntamos para orar cuando el cuerpo padece,
cuando el alma atormentada al Creador clama sus ansias,
cuando pedimos liberar nuestras condenas,
cuando por sus dones, en silencio, el corazón al Universo agradece.

Las manos cerradas, producto de falacias,
de miedos, de ira palpitante en las venas;
de odio oscuro, de agresión ciega que en tu alma crece.

Tus manos se abren en el saludo a quien aprecias,
se abren en caricias ardientes o serenas,
se abren cuando das, cuando recibes, cuando tu energía adormece.

Manos creadoras, instrumento de mi espíritu.
Manos laboriosas, instrumento de mis sueños.
Manos amorosas, instrumento de mis anhelos.

Juan Diego Montoya, Septiembre 2013

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